jueves, 4 de enero de 2018

Depredadores sexuales. ¿Realmente tienen tratamiento?

   He oído muchas veces lo de que “no hay que legislar en caliente”. Probablemente tienen razón. Corremos el riesgo de convertirnos en populacho y eso en un estado de derecho no se puede consentir.
   Ya hemos oído en los medios que, posiblemente, el presunto autor del homicidio de Diana Quer no podría llegar a ser condenado a prisión permanente revisable (eufemismo de cadena perpetua).
   Y ello gracias al PNV con el apoyo hipócrita del PSOE, Ciudadanos y Podemos. Y digo hipócrita porque este país vuelve a cometer el mismo error de siempre; queremos ser los “buenistas”, los “progres”, pero luego los hechos nos hacen ver la realidad verdadera, no la alternativa en la que viven muchos mandatarios.
  Hay tipos, y “el chicle” es uno de ellos, irrecuperable para la sociedad. En nuestro ordenamiento jurídico se especifica que la pena de prisión tiene como misión la rehabilitación del reo. Pero los depredadores sexuales no se rehabilitan, no tienen solución y la sociedad debe tenerlos apartados. No me lo invento; desde hace siglos, la ciencia criminológica intenta desentrañar lo que pasa por la cabeza de estos individuos y la conclusión mayoritaria es que estamos ante una disfunción sexual que no tiene arreglo.
    Así lo anota también mi buen amigo Manuel Avilés Gómez en su libro “criminalidad organizada, los movimientos terroristas” donde habla también de la delincuencia por influencia social, delincuencia por subsistencia o delincuencia por desordenes de componente sexual.
En el capítulo III.2.5.- “DELINCUENTES POR FALTA DE DOMINIO SEXUAL” (tipo criminológico acuñado por el criminólogo Ernest Seelig y actualizado por el mismo Manuel Avilés como “delincuentes contra la libertad sexual”) lo vemos, según la propia observación de Avilés: “la experiencia y el conocimiento de multitud de agresores sexuales a lo largo y ancho de la geografía penitenciaria, nos afirma en la convicción de que entre sus rasgos de personalidad están la insensibilidad, la utilización de la persona objeto de su abuso, la ausencia total de cualquier sentimiento de sintonía efectiva con la víctima, al agresividad maligna en especial al sexo femenino e incluso el sadismo más descarado en toda relación interpersonal. Todos estos son rasgos sicopáticos de personalidad inherentes a este tipo de conductas y de difícil, por no decir imposible, tratamiento”. Desde luego, el perfil de “el chicle” encaja en el de un “sicópata de libro” y un “depredador organizado”, como me dijo Avilés y la propia Guardia Civil confirmó. Listo, organizado y rápido de reflejos, y…con todas las anomalías conductuales descritas.
   ¿Podría tratarse de una conducta que los hombres llevamos en nuestra huella genética y que, en algunos casos, por alguna anomalía, aflora sin control?
   Si retrocedemos en el tiempo a lo que llamaríamos las tribus primitivas y como también describe el propio Avilés en el mismo capítulo, el macho humano era promiscuo y satisfacía su impulso sexual, muchas veces, por la fuerza. Sí, como hace el resto de animales. Desde luego, es un capítulo muy interesante de leer.
  Bien; sonados en España han sido diversos casos de depredadores sexuales que han salido de prisión por un permiso o por cumplir condena que han vuelto a reincidir y después ha venido la indignación global. “Cómo es posible”, “cómo se ha permitido”, dicen machaconamente los mismos que luego van de progres y buenistas y critican la cadena perpetua revisable. Veamos: si un tipo cumple condena sale a la calle. Si la Junta de Tratamiento y, después el Juez de Vigilancia Penitenciaria considera que a un preso se le puede dar un permiso se le da; pero porque así está plasmado en nuestro ordenamiento jurídico. Si no queremos que estos pervertidos campen a sus anchas o vuelvan a reincidir hay que recluirlos. Yo para estos casos concretos, me mantengo: cadena perpetua.
También me parece mentira que hubiera gente (compañeros de profesión) que preguntaran a la Guardia Civil en la rueda de prensa “si ya lo tenían identificado por qué no lo detuvieron”. Alguien que ni tenga la EGB lo puede plantear por ignorancia. Pero personas suficientemente o presuntamente ilustradas, no. Precisamente porque estamos en un estado de derecho la autoría debe demostrarse. Tiene que estar todo minuciosamente atado, anclado y asegurado. No puede quedar ningún fleco microscópico suelto. Cualquier fallo, cualquier error, por insignificante que sea, lo utilizará el abogado defensor. ¿Cuántos juicios se han anulado por un error técnico? Esto no puede volver a pasar ni en este caso ni nunca.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Por el hecho de ser mujer

     Pues sí, este concepto “por el hecho de ser mujer”, es la agravante tenida en cuenta por el juez para elevar a 24 años de cárcel la con...