domingo, 8 de julio de 2018

Una noche buena

Estuvo resultón el acto de elección de reina de fiestas de este año que volvió a la plaza de toros Las Arenas. Las actuaciones y espectáculos estuvieron muy bien y no acabó demasiado tarde. Buena idea también la disco móvil para que nos tomáramos algo con los amigos hasta una hora razonable… para los que pasamos de la cincuentena. Que se notan los años, hay que ver. Fue una lástima que sólo hubiera medio aforo.
El precio de la entrada era más que razonable. Quizá es que por unas razones u otras ya no se contratan actuaciones de primera fila, lo cual también era un polo de atracción. Gonzalo, La Década Prodigiosa, El Dúo Dinámico o Francisco fueron en su día grandes atractivos. Pero los tiempos son otros. Los 80 y los 90 pasaron y, la verdad, en la élite del panorama musical nacional queda muy poco en activo y con atractivo. Para un concierto en otro momento del verano (como fue en su día La Unión o Loquillo) sí; pero para la elección, quizá, desentonaría.
Muy acertado el minuto de silencio por la muerte de la abuela de de la dama de los Guerreros y madre del exaldalde, José Miguel Mollá.
También acertada la bienvenida que se nos dio al “legado de D. Francisco Albalat”. Algo que conviene recordar. Asimismo, también fue novedoso que la entrada de las damas fuera acompañada con música en vivo con el Grupo de Cuerda de la S.U.M Santa Cecilia. 
Marta, nuestra nueva reina de fiestas, habló del “olor a pólvora en las calles” y me vino a la cabeza una reflexión borde las mías: “como la Ley nos siga machacando como lo está haciendo, el único olor en fiestas va a ser el de los gazpachos y el de las pasticas”, pensé. Al margen de esto, recuerdo que la primera elección de reina de fiestas en la plaza de toros “Las Arenas” se celebró en 1986, recién rehabilitada. Me viene a la cabeza el momento (22:20 de la noche) en el que nuestro recordado Juan Requena de los Santos, extendía un rollo de mantel de papel por la grada y con un spray escribía: 1910, 1911, 1912…  hasta llegar a 1986.
Fina Amorós, dama del ayuntamiento, tuvo el honor de inaugurar una nueva etapa de este gran acto festivo-social que con actuaciones más o menos de primer nivel debe ser eso; un encuentro más de amantes de nuestras fiestas. Es pasar un rato juntos de la misma forma que hacemos en las cenas de comparsas, en las gachamigas o paellas de la Semana Festera. La elección de aquel año 86 quedó muy bien y fue la demostración de que la plaza podía ser mucho más que un recinto donde se matan animales bajo el curioso nombre de “fiesta nacional”. No me gustan los toros; creo que ha quedado claro. Pero tampoco soy de los que se ponen a vocear detrás de una pancarta anti-taurina. El que quiera ir que vaya pero esta “fiesta” desaparecerá por sí misma. Morirá de vejez.

Por cierto, ya que se puso, el himno nacional debió sonar al final como solemne colofón; no al principio. Ya se sabe; nos gusta buscar pegas a todo. Y de la puntualidad ¿qué decimos? Que no hay forma. 

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