martes, 11 de septiembre de 2018

Ilusos temerarios...


Noche del 5 de septiembre.
Al ver las unidades móviles de televisión con equipamiento técnico de última generación, me vino a la cabeza un trabajo publicado en la revista de fiestas de 2007, donde quedó abierta una puerta a contar ciertas cosas que no se habían hecho bien y que, al final, ocasionaron el declive y desaparición de nuestra televisión local.
En este caso lo que publico lo hago desde mi única y sola responsabilidad. Y puede que esto escueza pero es hora de contar ciertas cosas. Para desgracia, CTV, Caudete Televisión, nuestra tele, esa que una cámara, un videograbador, un amplificador y una antena arrancó en 1982, hace tiempo que descansa en paz. Cómo echo de menos aquellos espacios que se hacían en los días previos a las fiestas. 


Detrás de ese folleto había un trabajo impresionante; Después, poco poco todo decayó. ¿Razón? La gente se harta; nos hartamos. Reitero que hablo por mí. He dejado mucho tiempo de mi ocio y vida privada en favor de ese proyecto, incluso después de mi jornada laboral ordinaria, que era la que me daba de comer.
Muchas, muchas horas invertidas no sólo en los propios estudios de la calle Abadía, 7. También fuera de él con la cámara y el micrófono. Horas y más horas, días y días, años y años de grabaciones en fiestas de Moros y Cristianos, Bailes del Niño, Elecciones de Reina, documentales, reportajes como el de la película de fiestas. ¿Eso se pagó? NO. Yo no he recibido nada de nada por esas cientos y cientos de horas trabajadas. Y muchas veces ni las gracias. Yo apenas arriesgué patrimonio personal pero otros compañeros sí y mucho.
Seguro que los que vienen de fuera cobran a precio de mercado. Y están en su legítimo derecho a percibir lo que corresponde por los servicios prestados.
Pero, claro, a los del pueblo era fácil engañar y tomar el pelo. Al principio, en la primera mitad de los años 80, la propia ilusión te hace trabajar mucho sin mirar para nada el bolsillo, pero todo tiene un aguante. Nadie se tomó nunca en serio establecer una televisión local pública ni una radio pública, tal y como tienen muchos ayuntamientos, decenas de ellos, pequeños incluso que el nuestro.
Podría hablar por muchas más personas que lo dejaron decepcionadas totalmente, pero no seré yo quien las involucre. Yo, al menos, creía que con el tiempo esto se tomaría en serio y sí; podría tener un trabajo aquí donde, por cierto, sigo empadronado.
En la extinta revista “La Villa” de marzo de 1990 publiqué un artículo que titulé “Réquiem por quienes no fueron profetas en su tierra”. Es curioso. El que tenga oportunidad, se lo recomiendo.
Para terminar, pregunto: si vamos al taller a que nos revisen el coche ¿nos cobra? Si llamamos al fontanero para que arregle un grifo ¿nos cobra? No hay más preguntas, Señoría.
A veces me viene a la cabeza y me recito a mi mismo la expresión de Tarif en el primer día de la Embajada: “ilusos temerarios”.
Por último, cito otro refrán: “otros vendrán que bueno te harán”.

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