lunes, 8 de abril de 2019

Votar a la contra

   ¡Vaya, qué cosas! Ahora resulta que estos analizadores de la actualidad, escrutadores de la realidad, estos y estas que ven más allá del infinito, esos y esas que cobran en una semana lo que yo en 3 meses acaban de descubrir que el número Pi tiene límite.
    Después de lo que ya publiqué hace bastantes meses, estos “ilustrados” caen ahora en la cuenta de que hay mucha gente que en unas elecciones no vota “a favor de” si no “en contra de”.
   Puede haber una explicación; viven en Madrid, en el centro del sistema solar. Ellos son el sol y más allá de la M-40 existe algo pero no saben muy bien qué es.  
   Lo de ir a la contra ya lo estamos viendo en los pueblos desde hace muchos años pero ahora con esa polarización de bloques, interesada por otra parte, entre las “izquierdas” y las “derechas” es de esperar que haya mucho voto contestatario con tal de que no gobierne uno o no gobierne otro.
   Mal asunto si la papeleta que llevamos la hemos elegido con las vísceras y no con el cerebro y con la razón. Esta campaña se está haciendo más empinada que la cuesta de Santa Ana y el electorado va a llegar (vamos a llegar) a la “jornada de reflexión” resoplando y con dolor de pantorrillas. La saturación de mensajes se está haciendo insoportable y ya se está empezando a confundir la noche con el día. 
   No es que me considere especial pero sí tengo claro que votaré con la cabeza fría, racionalmente. Y con esto un bizcocho ya no hablo más de política hasta el 27 de mayo, salvo causa de fuerza mayor.  
   Hoy me entristece más la almendra que se me ha helado que lo que digan esos que se quieren erigir en guardianes de la patria. Au.
         
 

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